Destino la Costa Azul

La Costa Azul con los cinco sentidos

por Sara Higuera

The Carlton Hotel in Cannes, photographed by Slim Aarons in 1958.

Todos los años me pasa igual: hoy comienza el Festival de Cannes e, irremediablemente, mi cabeza y un pedacito de mi corazón viajan hasta la Costa Azul. Cada noticia, cada retransmisión, me hace recordar el año que viví en Niza. Fue allá por 2008 (¡cómo pasa el tiempo!). Disfruté mucho de vivir junto al mar (y más siendo una alérgica-al-pólen-y-con-dermatitis-los-365-días-del-año). Aprovechando que se acerca el verano e inspirada por Cannes 2017, te propongo una ruta por la Côte d’Azur por si andas escasa de ideas para tus vacaciones. Viajaremos con los cinco sentidos a Niza, Antibes, Cannes, St.-Jean-Cap-Ferrat y Èze. ¿Te vienes?

Il regista Alfred Hitchcock su una barca a Cannes per il Festival, Maggio 1972 (/AFP/Getty Images)

Niza

Lo primero que llama la atención de Niza es la Baie des Anges, con la que linda la ciudad. Sus playas turquesa son de piedras, de esas rodadas, gris zen, muy suaves. Cuando pienso en Niza, se me vienen a la cabeza las sombrillas marineras, a rayas bretonas, blancas y azules, y me entran unas ganas frenéticas de comprarme unas gafas de sol ojo de gato y lucirlas a lo Elizabeth Taylor. Parece que oigo el sonido del mar contra las piedras, que va y viene, el viento, transformado en movimiento, como en la escena final de Los falsificadores. Me quedo con ese recuerdo, ese sonido, ese sentido. Si vas a Niza, acuérdate de estas palabras y siéntate a escuchar.

Adentrándonos en la ciudad, el famoso Cours Saleya y sus mercados es parada obligatoria. Podrás hallar tesoros en sus mercados y disfrutarás de emociones gustativas y olfativas en sus terrazas, restaurantes y puestos de lo más variado. Habrá flores, el conocido marché aux fleurs, o mercado de las flores, y jabones, muchos jabones. Oirás el ir y venir de la gente, las conversaciones de los buenos días, la música en directo de algunos espontáneos, la calma del que elige flores… Este rincón encierra mucha vida.

Alain Delon with Romy Schneider in 1959

Pasea por la Vieux Nice, el casco antiguo de la ciudad. Son características sus callejuelas, en las que te empaparás de colores brillantes y la nostalgia italiana que reflejan sus edificios. Además, ¡la cantidad de olores que notarás!: Lavanda, tomillo, romero, mejorana e incluso orégano. Será como entrar en la tienda de The Singular Olivia, pero a lo grande. ¡Ah! ¡Y que no se te olvide mirar hacia arriba! Los balcones y las fachadas te sorprenderán.

Antibes

Sus murallas junto al puerto, sus calles estrechas, repletas de tiendas de souvenirs y productos provenzales le dan cierto encanto a este pueblo. No te pierdas la zona antigua. Acércate a las murallas de Vauvan y las torres medievales y siéntelas. Siente el paso de la historia y, a la vez, la infinidad del mar. Si tienes tiempo, busca la playa Plage du Ponteil y date un baño. Antibes es el punto de la Côte d’Azur donde las playas comienzan a ser de arena, fina, un poco granulosa, genial para los pies. Esta, en particular, ofrece además unas vistas preciosas del pueblo.

Si puedes, haz una parada en el Museo Picasso. Pablo Picasso pasaba largas temporadas en Antibes. El castillo fue su taller durante un tiempo y desde 1966 alberga muchas obras suyas. Toda la riviera es color, es luz, y Antibes lo es especialmente, y ya sabemos que la luz lo cambia todo. Quizá por eso, este pueblecito guarda reflejos de una gran etapa en la producción del artista.

Picasso in his studio in Cannes 1955

Cannes

Cannes es uno de los destinos de veraneo más famosos de la Costa Azul. Pensar en Cannes es pensar irremediablemente en cine, películas en blanco y negro, en glamour clásico. Patéate la célebre Promenade de la Croisette y visita el Palais des Festivals: se respira cine y sueños, ¿a que sí? Además, si eres una nostálgica de épocas pasadas, como yo, déjate inspirar por actrices del cine francés, como Jeanne Moreau en los cincuenta, y luce tu camiseta de rayas y tu sombrero de ala ancha.

fashioncheesecake.com

Te gustará meterte en la mar cristalina de la zona y sentir la playa blanca, velada por la arena. También puedes debes probar los helados. Todavía recuerdo la dulce acidez de ese helado de limón que me comí una tarde de abril en Cannes; era de limón, de limón del de verdad.

St.-Jean-Cap-Ferrat

St.-Jean-Cap-Ferrat es un pequeño pueblo pesquero famoso por su península y sus playas rocosas. Si puedes, ve en tren, el mejor medio de transporte, en mi opinión, para moverte por la riviera: hay muchos horarios, es agradable y lo mejor: vas viendo toda la costa.

Grace Kelly at the Festival de Cannes, 1955

De St.-Jean-Cap-Ferrat recuerdo los colores tostados, terracota y amarillos mezclados con los azulados del mar y los verdosos del paso del tiempo. Recorre el sendero Frédéric Nietzsche, denominado así por uno de los autores que también pasaron por aquí. Si hay algo que no se me olvida es que en este recóndito lugar, el Mediterráneo brilla como en ningún otro sitio. Palabra.

Jardin au Pyla = The Garden at Pyla. Albert Marquet 1935. Oil on canvas. Musée des Beaux-Arts, Bordeaux, France

Èze

Èze es un pueblo medieval muy bonito que se yergue sobre la costa escarpada, una de las joyas de la Costa Azul. Merece la pena hacer una parada cerca de la conocida fábrica de perfumes para subir al casco antiguo (la Èze-Village) y pasear por sus calles. Algunas de las calles son tan estrechas que podrás tocar los dos extremos al estirar los brazos: ¡pruébalo!

Me acuerdo que había mil olores dispersos en Èze; unas veces, a lavanda intensa; otras, a limpio y a mar. Sin duda recuerdo sus aromas: azahar, naranja, verbena, incluso higuera… ¡Qué bienestar con solo respirar! Porque eso es lo que hacen ciertos aromas: hacerte sentir bien y desear poder llevártelos todos en la maleta. Si la Provenza fuera un perfume…