Los 10 #noseteocurra de irte de compras

Antes de comprar, lee esta lista

por Rosa Iglesias

vía Playbuzz

Me gustan las listas. Soy una chica (ojo, me mantengo en mi papel de chica aunque los 40 estén asomando la patita) de listas, de papel y boli y de apuntarlo todo y por doquier. Considero que con una lista tengo mi caótica cabeza organizada y soy capaz de cumplir mejor mis objetivos. Por eso, cada vez que planeo algo, que tengo que hacer algo, que tengo que comprar algo; hago una lista. Y la que hoy dejo aquí es una lista no de TO DO’s sino de todo lo contrario. Porque somos mujeres del género humano y lo de tropezar varias veces (no dos, varias) con la misma piedra nos viene de serie. Es genético. Es de nacimiento. Si a eso le unimos que necesitamos tropezar con esas piedras para aprender, que ya lo dice el dicho: de los errores se aprende… pues blanco, y en botella.

El drama de cada mañana al levantarnos es el de “No se qué ponerme”

Seguido de un “tengo que comprarme ropa”. Así lo repetimos unas cuantas semanas seguidas hasta que un día nos armamos de valor y salimos a la calle, a comprar. Soñando con terminar el periplo a cámara lenta, sonriendo, cargadas de bolsas y con un resultado digno del armario de la archicopiada Sarah Jessica Parker. Soñamos con eso, y volvemos con chorrocientas camisetas de algodón y un vestido modernei que no nos vamos a poner ni en sueños.

Para que eso no pase, aquí los 10 NO SE TE OCURRA de irte de compras:

1. Ir sin una lista.

Sí. Recomiendo una lista dentro de la lista. Muy literario todo. Pero es fundamental. Si cuando vas al supermercado llevas una para a) comprar lo que te hace falta y b) no comprar lo que no te hace falta y tonterías innecesarias… ¿por qué no haces lo mismo con la ropa?. Siéntate delante del armario, vacíalo. Analízalo (qué te pones, qué no y qué necesitas) y apunta en un papel lo que te apetece. Encontrarlo va a ser más sencillo.

2. Salir sin planificarlo.

“Voy de compras”. ¿Adónde, alma de cántaro? Pasea las tiendas online y decide a dónde irás. Aprovecharás mucho mejor tu tiempo y te quemarás menos. Porque ir de tiendas es agotador. El que diga lo contrario, miente. Y una vez que estés cansada, ese tiempo es tiempo de la basura: solo piensas en irte.

3. Pasar por la tienda como un águila planeadora volando a ras de prendas.

Manos en los bolsillos, cara de circunstancias y sin tocar nada. Claro, lo normal es que salgas de la tienda diciendo “no me gustó nada / no encontré nada / hay que ver lo fea que es la ropa esta temporada”. Revuelve, toca, saca las prendas de sus perchas, ponte delante de los espejos. Canta la canción que esté sonando. Flípate un poco, disfrútalo, mimetízate con el ambiente.

4. No probarte.

Habrá ocasiones en que vas con prisa y compras para luego probarte en casa. Pero amiga, no hablamos de esos momentos. Estamos en situación de tarde de compras. Has salido para eso. Así que pruébate las cosas. En la percha son de una manera, en tu cuerpo de otra. Y si no te lo pruebas, corres el peligro de que no te guste y termine muerta de la inanición en la bolsa hasta que caduque el ticket y te la tengas que comer con patatas. Y lo peor de todo, es que la colgarás en el armario para que te recuerde siempre que está ahí y que no te la vas a poner. Pero no puedes dejar de verla.

5. Si entras en el probador, no empieces a quejarte de tu peso / pelo / piel / edad / [rellene aquí opción].

Quiérete, acéptate. Ese es el capítulo uno de sentirte guapa y disfrutarlo. No eres una top model. Asúmelo. Pero es que ni las top model lo son. Somos mujeres: insatisfechas, protestonas, exigentes, perfeccionistas. Aunque un día amaneciéramos como Cindy Crawford encontraríamos un defecto del que quejarnos. Estás estupenda. Hay mil cosas en ti que resaltar. Son ésas las que tienes que mirar. Actitud: esa es la clave de la verdadera belleza.

6. No mirarte.

Tampoco te vayas a pasar. Hay que ser realista. Conocer nuestros puntos débiles (que no defectos) es fundamental para elegir las prendas adecuadas para brillar más, para resaltar nuestras partes bonitas. Eso no significa que si tenemos cartucheras del tamaño de un coco, o la barriga más fofa que una duna del desierto tengamos que avergonzarnos de ello. En absoluto. Está bien saberlo para elegir blusas adecuadas para disimularla, pantalones con un tejido agradecido para minimizar la celulitis, etc. Mírate objetivamente. No para quejarte: para resaltarte. Compra siempre lo que te favorezca.

7. No salir de tu zona de confort.

Lo fácil es comprar lo de siempre. Y entonces acabas con una bolsa llena de camisetas básicas de algodón. O de camisetas de rayas marineras. “No, es que a mí me gustan mucho las marineras”. Ajam. ¿Tienes algo más en el armario que camisetas de rayas marineras? NO. Pues sal de tu zona de confort right now.

8. Pero tampoco te pases y te sientas en una moderna influencer.

Está bien que entres en materia, que te mimetices con la tienda. Pero compra siempre con cabeza. ¿Te lo vas a poner? ¿Va con tu estilo de vida? ¿Tienes con qué combinarlo? Si las respuestas son todas negativas, es que esa prenda no está hecha para ti.

9. Tener miedo de ir sola.

Si tienes una buena lista no tienes por qué ir acompañada. Fíate de tu criterio: tú eres quien mejor te conoce. Y si vas acompañada, que sea siempre de alguien que se ponga en tu lugar. No que pretenda que te compres lo que ella se compraría.

10. Sentirte ridícula.

Ni de broma. Eres divina, la reina de los mares, la máxima bomba, el hechizo de España. Y no dejes que nadie te haga sentir lo contrario.